MUJICA: 
¿PARA QUÉ JUVENTUD EDUCAMOS?
Dice sobre la juventud un hombre grande, un científico uruguayo, llamado Clemente Estable que: “En general, el progreso se debe sobre todo a los jóvenes de precoz madurez y a los hombres maduros que no envejecen. En caso de conflicto, hay que ser más fieles con el futuro que con el pasado…y la juventud es la posteridad contemporánea. 
Gran buenaventura del Homo Sapiens es el encuentro de generaciones en la inmortal sucesión de los mortales.
¿Cuál es la novedad de cada generación?
Lo eterno, pues lo efímero nace viejo.
No se trata tan sólo de trasmitir, con honor, la antorcha de generación a generación: necesario es así mismo, que cada generación encienda su propia antorcha.”   
Recientemente, en una entrevista que le realizara el diario oficialista La República, el Presidente José Mujica, ha hecho la siguiente afirmación: “No toleran que alguien sin chapa universitaria sea presidente”.
Sobre la educación el Presidente Mujica manifiesta:
–Tenemos un problema grave y de carácter inmediato. No se puede pensar en un país productivo si paralelamente no se lleva una batalla permanente por la capacitación tecnológica del grueso de la población y acá tenemos una vieja discusión porque culturalmente somos muy afrancesados, por una vieja herencia. Tenemos una discusión como si la humanística estuviera en contra de la tecnología o la tecnología en contra de la humanística, sin ver que también por el lado de las matemáticas termino en el campo de la filosofía. Esos mundos no son contradictorios. Ahora, si miro con sentido realista, desde el punto de vista político, y veo que hay un montón de padres que hacen toda la noche una cola para asegurarle a su hijo un lugar en la UTU (Universidad del Trabajo del Uruguay), me están dando un mensaje. Me están diciendo que quieren eso, que les demos conocimiento a los jóvenes para que trabajen. Tenemos que dar esas respuestas porque no puede ser que venga una papelera y no tengamos soldadores porque en el país no los preparamos y tenemos que salir a improvisar o hacer cursos.
– ¿Fue el país de “M’hijo el doctor” el que desprestigió a la UTU?
– ¡Ah, sí! Hay que ser universitario, hacer una carrera, tener chapa en la puerta… No estoy en contra de eso, el mundo material necesita otra historia. Pero en el campo del conocimiento no hay un solo camino sino múltiples variables.
– Es la propia izquierda la que ha planteado reparos a la propuesta de expandir y profundizar la actuación de la UTU
– Sí. No sé. No puedo juzgar, estamos en un momento de mucha reflexión, idas y venidas, que no puede ser infinito porque no podemos estar discutiendo toda la vida, hay que patear y salir con algunas cosas. Eso hay que hacerlo y sobre todo hay que esforzarse por inventar la forma de lograr que esa franja de cien mil chicos que tienen poco interés se metan en la danza. Si no los incorporamos con la UTU, entonces sí que será bravo. Me podrán decir que un muchacho al que se le enseña a soldar o electricidad elemental no tiene una formación integral y tienen razón. Pero miremos que no tienen nada y si no les doy una herramienta los dejo perdido en el torrente de la vida. Si les damos un instrumento para que consigan trabajo, esto ya empieza a ser una escuela también.
Seguramente en algún momento analizaremos en extensión esta última entrevista realizada al Presidente de la República, por la publicación oficialista La República el día lunes 2 de enero, con el espíritu de significar un balance del año 2011 bajo el título: “Me han hecho la guerra”.
Hoy solamente nos interesan estos conceptos -limitados y muy rudimentarios- que sobre la educación de un pueblo manifiesta el señor Presidente, que ha hecho de la ignorancia un verdadero culto a la llamada “universidad de la calle” o la “universidad de la vida”.
Es cierto que algunos Presidentes han ejercido su mandato con dignidad y sabiduría, a pesar de no haber cursado la Universidad. Nosotros podríamos agregar que ha habido otros mandatarios, con muchos títulos universitarios, que lo han hecho pésimamente a pesar de sus conocimientos académicos.
Pero en el caso del señor Presidente Mujica no vemos ni lo uno ni lo otro.
Su pésimo y caótico desempeño obedece más que a sus escasos conocimientos y aptitudes, a la nefasta actitud de gobernar en contra de los trabajadores y sectores populares y a favor de la gran burguesía internacional. Lo único que hace el desconocimiento y la ignorancia del Presidente, Mujica es agravar más aún la actitud servil al imperialismo y la oligarquía nacional.
La política sobre educación de Mujicase sintetiza patéticamente en estas expresiones vertidas al diario de Fassano: Preparar soldadores para los posibles inversores extranjeros.
No en vano Mujica utiliza este ejemplo concreto y no utilizó otro distinto, como por ejemplo vamos a preparar químicos industriales, que manejen el proceso de la celulosa, o de la minería futura. Es que a esos profesionales los contratan en Europa,lo que no tienen es soldadores.
Quienes estuvieron exiliados en el viejo continente conocen bien que uno de los pocos empleos ofrecidos a los emigrantes en el primer mundo es precisamente el de soldadores.
Porque los trabajadores saben bien, que la soldadura a lo largo esteriliza a quienes la ejecutan, se contraen enfermedades como el cáncer, se desarrollan tumores y deteriora la calidad de vida.
Esto los saben todos los trabajadores europeos y por eso escasean, y hace que cuando un emigrante solicita trabajo, lo metan a hacer un curso rápido de soldador e integrarlo al mercado laboral.
No es por otra cosa.   
Mujica utiliza un ejemplo peor aún para intentar justificar el plan educativo del Banco Mundial. Analiza la actitud de los padres que hacen cola durante toda una noche a las puertas de la Universidad del Trabajo, para obtener un cupo para sus hijos que quieren aprender un oficio. Esta realidad no es solamente un deseo de los padres, es una necesidad obligada, porque lamentablemente hoy día los padres que trabajan, no están en condiciones de sostenerle a un hijo una carrera universitaria. Porque ya la educación ha dejado de ser gratuita, y entonces solventar un estudio universitario significa un esfuerzo que los padres no están en condiciones de realizar. Por eso miles de uruguayos están estudiando Medicina en Cuba,un país y un régimen que el señor Presidentecada vez que puede critica y ataca.
Hace un tiempo recurrimos al texto de José Pedro Varela escrito en 1874 en su libro“La Educación Popular”, hoy la misma intención de “desasnarnos” nos lleva a recordar otra obra más actual pero de idéntico valor científico. Nos referimos al libro de la educadora uruguaya Reina Reyes, “Para qué futuro educamos”. Esperamos que como en la primera oportunidad esta síntesis aporte conocimiento a los educadores actuales, padres y estudiantes; y eche luz sobre el importante tema de la educación hoy, nuevamente en debate.  
Extraído del libro ¿Para qué futuro educamos? De Reina Reyes.
¿PARA QUÉ FUTURO EDUCAMOS?
“La verdad más real de nuestra época: nadie vivirá toda su vida en el mundo en que nació, y nadie morirá en el mundo en el que trabajó en la madurez”.
Robert M. Hutchins
“Las razones del inmovilismo son fáciles de comprender. Suscitar un nuevo orden es una empresa temible, a la que siempre acompañan renuncias y sacrificios de todo orden. Esta empresa significa un montón impresionante de trabajos de toda índole, para los cuales hace falta valor, resolución y una confianza inquebrantable en la voluntad y capacidad del hombre… Pero hasta para no moverse hay que pagar un precio, algunas veces muy elevado”.
Paul Legrand
La pregunta que titula este ensayo implica su carácter polémico, y lo deseamos. Si admitimos que el pensamiento se inicia en una situación problemática que reclama acción, para no repetir ideas y acciones, lo que es muy frecuente en materia educativa, nada mejor que plantear dudas con respecto a la forma en que hoy se realiza la educación, dudas que creemos más que nunca justificadas porque el clima cultural y social del presente difiere del que se acusaba no más lejos de cincuenta años.
Dominadas las distancias por el avión supersónico, la radio, la televisión y los satélites capaces de trasmitir a todos los lugares de la Tierra las imágenes de la llegada del hombre a la luna, la humanidad alcanza una unidad planetaria que obliga a pensar en la transformación de la naturaleza histórica del hombre. Por otra parte, la fuerza atómica y el dominio del espacio en poder de pocas naciones crean un clima de Inseguridad distinto del que pudo experimentar el hombre en siglos pasados. El desarrollo industrial, la automatización, el inusitado crecimiento del capitalismo con su secuela, el neocolonialismo, y la compleja red de intereses que generan, actualizan la pregunta: “¿Es el hombre lo bastante inteligente y bueno para controlar lo que ha producido?”
En ningún tiempo fueron movimientos sincrónicos la superación del hombre como tal y el progreso de sus conquistas objetivas, pero el divorcio en el tiempo nunca ha sido tan acusado como lo es en la actualidad. Se ha abierto un abismo entre los medios creados para dominar la naturaleza, y los logrados para dominar los impulsos irracionales de la conducta humana acrecentados como forma de defensa biológica ante la inseguridad
La historia describe las formas que revistieron el Estado, la Iglesia, las universidades, las escuelas, y pone en evidencia que toda institución es expresión formal de los que al crearla animaron a los hombres. A su vez, la psicología descubre que quienes integran una institución desarrollan actitudes adecuadas a ella; pero no ha sido fácil advertir que la “conducta institucional” tiene un poder esclavizante y se opone al cambio exigido por nuevas situaciones vitales. Se ha denominado retraso cultural a la discrepancia existente entre las conductas tradicionales y las que corresponden a la transformación de la sociedad.
La adaptación psicológica del hombre a las instituciones, si bien defiende a la vida humana de posibles desgastes, limita el poder de la inteligencia para lograr la conducta requerida por las condiciones de un mundo vertiginosamente cambiante.
Escribió Aldous Huxley: “Toda historia moderna es una historia de la idea de liberación, con respecto a las instituciones. Es también la historia del hecho de la esclavitud respecto a las instituciones… Las circunstancias cambian más rápidamente que las instituciones. Lo que antes tenía sentido carece hoy de él”.
La humanidad vive hoy un dramático malestar creado por el enfrentamiento entre quienes aceptan y defienden, por interés o por ignorancia, formas de vida impuestas por instituciones creadas en el pasado y quienes, animados por el deseo de liberación de todos los hombres, quieren modificarlas.
Cuando por imperio de la fuerza se transforman las instituciones, cualquiera que sea la orientación que ésta les imprima, se acusa la resistencia de actitudes creadas por las instituciones que se pretenden modificar. “Una revolución social puede efectuar alteraciones bruscas y profundas en las costumbres externas, en las instituciones jurídicas o políticas, pero los hábitos que están detrás de esas instituciones y que forzosamente han sido conformados por condiciones objetivas, los hábitos de pensar y sentir no se modifican tan fácilmente. La fuerza de retención de la vida humana es enorme.”
Y afirma Deweyque cuando se producen ciertos cambios en las conductas de los hombres es porque previamente han madurado los hábitos mentales adecuados y el cambio externo se limita a remover una barrera superficial.
Preguntamos: ¿La educación que hoy ofrecemos a niños y  a jóvenes crea disposiciones mentales para liberar al hombre de la influencia de instituciones que están llamadas a transformarse o a desaparecer? ¿El educador de nuestros días puede liberarse de esa influencia para poder orientar a las nuevas generaciones hacia un futuro mejor? Si ante estas preguntas se responde que en todas las épocas ocurrió lo mismo, observamos que nunca el problema que planteamos ha revestido la gravedad que hoy reviste. Es cierto que los cambios sociales se dieron a pesar del condicionamiento educativo, pero también es cierto que el ritmo de las conquistas técnicas que transforman la vida social jamás tuvo la aceleración que alcanza en nuestros días.
En el pasado bastaba educar para el presente, pues los veinte años siguientes cambiaban en muy poco las relaciones humanas. Hoy, educar para el presente, que no otra cosa hacemos, es educar para un pasado que nunca volverá.
Cuando se sostiene que la educación no es factor esencial de cambio se debe tener en cuenta un hecho: quienes acceden al poder económico o al poder político están interesados en mantener su poder, y, por lo mismo, tanto la educación privada como la pública, que directamente o indirectamente controlan, tienden a conservar la estructura social que los mantiene en su situación de privilegio.
Aldo Solari,en base a lo observado en los distintos pueblos, dice que la educación va siempre a la zaga del cambio y que, sólo después que la revolución ha triunfado, la educación puede ser revolucionaria. Esta afirmación nos obliga a precisar el sentido con que se use el término “revolucionario”. Si entendemos por tal no al rebelde en el campo político sino al que es capaz de independizarse de las formas de vida que le ofrece el medio en que nació para poder juzgarlas, creemos que la educación puede ser revolucionaria antes de toda revolución política.
Si se logra que el hombre se evada del condicionamiento a que estuvo sometido, sin dejar de reconocer los valores culturales que el medio social le ofreció, se actúa en favor del cambio social y no para retardarlo.
La educación sirve a la comunidad en la cual se realiza, pero no de la misma manera y con igual propósito, y el problema que planteamos se refiere a la forma de educar que, sin perder vinculación con la realidad de un presente, conduzca a un nivel más elevado de vida a todos los que integran una comunidad… “Los yacimientos que hay que explotar no están hoy en la tierra, ni en el número, ni en las máquinas, residen en el espíritu. Más precisamente, en la aptitud de los hombres para reflexionar y crear.”
La organización económica que mantiene a gran parte de la sociedad sin posibilidades educativas para la reflexión y la creación, es también la que mantiene en manos de pocos la llamada “industria cultural” que actúa para condicionamiento de los más. Descubrir el grado en que los medios de comunicación enajenan al hombre, en lugar de liberarlo, es taren que apremia, aunque se tenga conciencia de estar apresado por fuerzas que individualmente no se pueden vencer. Resignarse al poderío de lo económico es actuar en su favor en lugar de tener por meta la liberación del hombre.
El problema que planteamos es de extensión mundial aunque se presenta con características distintas en los países desarrollados de organización capitalista o socialista, que en los países subdesarrollados; pero, ubicados en América Latina es nuestro propósito referirnos a sus problemas ya que las exigencias de cambio de sus estructuras son imperiosas … Es grave, gravísimo, que los países subdesarrollados de América Latinaimiten las prácticas educativas de los países desarrollados, sin apreciar que el colonialismo vacía y distorsiona la mente e incapacita al hombre para liberarse de los poderes económicos y políticos que lo dominan.
Sólo lo ayudaremos a alcanzar estatura humana si cultivamos en niños y jóvenes flexibilidad intelectual, juicio crítico y una estabilidad emocional que, al mismo tiempo que afirmen su personalidad, hagan posible la unión con otros para una empresa común por aspiraciones compartidas.
Carecemos de datos obtenidos en investigaciones realizadas en nuestro continente para evaluar la influencia del cine, la radio y la T.V., pero esto no es obstáculo para nuestro propósito de demostrar que las instituciones educativas siguen repitiendo normas didácticas de una época en la cual esos medios no existían o no habían llegado al grado de difusión que hoy alcanzan.
Datos ofrecidos por la UNESCO evidencian que son muy distintos los niveles de las instituciones docentes que funcionan en los pueblos latinoamericanos, diferencias notorias desde la formación de maestros de enseñanza primaria; pero no hay datos sobre la incidencia del cine, la radio y la TV en esos pueblos. En Europay Estados Unidos se han realizado numerosas investigaciones con el propósito de evaluar los efectos de los medios de comunicación que dan características singulares a la sociedad de masas, y no creemos que las conclusiones, por demás dispares, a que se ha arribado puedan ser generalizables para nuestro continente porque la influencia de esos medios varía en función del contexto sociocultural en que operan. Además como lo afirman Yanowitz y Schulze, “la mayoría de las investigaciones en materia de comunicación de masas han sido investigaciones «ad hoc» estimuladas, guiadas y ciertamente subvencionadas por grupos que deseaban respuestas inmediatas a problemas. Por ejemplo: las asociaciones suscitadas por los efectos desmoralizadores que ejercen el cine, los «comics» o los programas de televisión sobre el equilibrio de la personalidad juvenil; los educadores inquietos por no haber logrado una comunicación de masas eficaz; los gobiernos interesados en los «impactos» de sus campañas de propaganda; finalmente y sobre todo, los directivos publicitarios y comerciales que intentan influir en los hábitos del consumidor, del lector, del oyente o del espectador medio. Éstos son los grupos que en gran medida han planteado los problemas y otorgado la mayor parte de los créditos necesarios para la investigación en el terreno de la comunicación de masas.”
Igual criterio sostiene Adorno en cuanto a que ese tipo de investigaciones vigila para que no se averigüe más que reacciones en el interior del “comercial system” vigente y no se analicen ni la estructura ni las consecuencias del sistema mismo.
No estando en condiciones de realizar una investigación que se adecue a los objetivos que perseguimos se tendrán en cuenta en este ensayo muy limitados aspectos de lo investigado en países desarrollados. En cambio recurrimos muy frecuentemente al pensamiento autorizado de psicólogos, sociólogos: y filósofos para dar fundamento a lo que afirmamos desde un punto de vista pedagógico.
La complejidad del tema nos obligará a desarrollarlo en enfoques aparentemente aislados pero que se relacionan íntimamente en la realidad individual y social contemporáneas.
LO RACIONAL Y LO IRRACIONAL DEL HOMBRE
La tierra enteramente iluminada resplandece bajo el signo de una triunfal desventura.
T. W. Adorno
Cuán difícil es seguir los movimientos del alma de los otros. Qué sufrimientos se pueden causar sin quererlo, sin saberlo. Cómo se puede pasar al lado de sentimientos profundos, a veces desesperados, sin sospechar siquiera su presencia. Se puede hacer tanto mal por falta de comprensión como por maldad.
Shelley
La filosofía, la sociología y la psicología, liberadas de prejuicios, reconocen que individuo y sociedad no son entidades independientes sino que su vida consiste en una mutua participación. La genética descubre que es mayor la influencia del medio que la de la herencia biológica en lo que se refiere a la conducta social. La emoción que ayudó extraordinariamente para que se constituyera el grupo, influye en el comportamiento de quienes nacen en él.  Estos conocimientos obligan a un estudio de los factores que actúan en nuestra época para modelar la conducta de niños y jóvenes.
En el curso de la civilización occidental se han hecho más complejas las influencias que se ejercen sobre el hom­bre desde su cuna. En el pasado, en comunidades pequeñas y de evolución lenta, la conducta del niño se conformaba de acuerdo con pautas fijadas con igual criterio por la fa­milia, la Iglesia y las tradiciones. En nuestros días el desa­rrollo de centros urbanos cada vez más poblados, la disper­sión de la familia en ellos, la coexistencia de múltiples reli­giones, la diversidad de instituciones creadas para distintos fines y, principalmente, la rápida comunicación de hombres y pueblos de costumbres diferentes y hasta opuestas a las locales, configuran un clima social en el cual la conviven­cia carece de unidad en valores para orientar a las nuevas generaciones.
Una concepción de la naturaleza humana que la identificó con la racionalidad culminó con la filosofía de la Ilustración que, en lucha contra la fe, creyó encontrar la relación del hombre con el Universo en la pura intelección. Esta versión racionalista desconoció que la existencia de la razón depende de un renovado y permanente proceso de conquista de lo irracional. El psicoanálisis reveló la impor­tancia de lo inconsciente, pero en el dominio de la educa­ción no se han preconizado aplicaciones positivas, de ese descubrimiento. La sociedad industrial y los increíbles avan­ces de la técnica jerarquizan, cada día en mayor medida, los valores del Iluminismo en tanto la Humanidad acusa vacío espiritual, y, en la mayoría de los hombres, no existe un dominio de lo irracional cuya latencia provoca explo­siones incontroladas.
Al crearse instituciones educativas al margen de la fa­milia y de la Iglesia, se dio en ellas importancia a la adquisición de conocimientos, descuidando el cultivo de la afec­tividad. Una ilimitada jerarquización de un saber conceptualizado, acumulado y trasmitido mediante el lenguaje, al aislar el conocimiento de la acción lo aislaron de la afectivi­dad sin favorecer la comprensión.
El conocimiento es conceptual, y, como tal, abstracto y puede trasmitirse; la comprensión no lo es porque está re­ferida a situaciones concretas y variables hasta lo infinito; confundirlos, según Aldous Huxley, es uno de los pecados intelectuales. “La simplificación, generalización y abstrac­ción excesivas son otros tres pecados relacionados con el pecado de imaginar que conocimiento y pseudo conocimien­to son lo mismo que comprensión.”
La vida de hoy crea al hombre situaciones que recla­man la comprensión de la compleja red de variables inter­nas y externas que pueden determinar su conducta al mar­gen de la razón, y esta comprensión no se alcanza por me­ros conocimientos, aunque éstos sean necesarios. Las exi­gencias de la técnica hacen necesario aprender, la conviven­cia hace necesario amar y comprender.
La excesiva importancia concedida al cultivo de lo in­telectual en las instituciones educativas tiene otra gravísima, consecuencia: no hace consciente al hombre de lo que otros hombres le ofrecen generosamente para su formación, y con esto se acentúa su egoísmo biológico y su conducta individualista. La educación en lugar de integrarlo al gru­po, lo aísla o hace que busque en el grupo ser como los demás, en desmedro de una auténtica personalidad.
La carencia de una acción educativa que satisfaga las necesidades afectivas del ser y encauce la emotividad, deja la irracionalidad librada a la rebelión de los instintos, favoreciendo tendencias regresivas que se manifiestan en conductas sobre las cuales la razón carece de dominio.
Cuando los propósitos de encauzar las energías vitales no son auténticos, elaborados con tiempo, cuando no han sido puestos a prueba en amplias experiencias de vida, aparece en el hombre esa carga de energía primitiva, real, tremenda, en su forma más elemental: la agresividad, agresividad que en un momento dado salta como resorte inesperado y descubre ese acechante principio de animalidad que el ser humano tiene al nacer. La favorecen la disminución de satisfacciones materiales o afectivas, la exaltación colectiva del odio bajo equívocas racionalizaciones que justifican el crimen por amor a la patria o por defensa de un principio abstracto de libertad, y, sobre todo, la posibilidad de descargar en otros responsabilidades no sentidas, con certeza de impunidad. Reiterados acontecimientos de este siglo en que alemanes o franceses, soviéticos o yanquis infligieron horripilantes sufrimientos físicos y morales a otros hombres de nacionalidades, razas o ideologías distintas, prueban los déficit de la educación para cultivar sentimientos de fraternidad, capaces de contener los impulsos del potencial agresivo latente en la naturaleza irracional del hombre.
Ayer, los franceses en Argelia hicieron decir a Sartreque el humanismo no era sino una ideología mentirosa, la exquisita justificación del pillaje. Hoy, en Vietnam, hombres que han cursado hasta estudios secundarios, practican como deporte los más horribles e inimaginables crímenes. Y en los países subdesarrollados, con las dictaduras, proliferan los torturadores que, en forma cobarde y encubierta, compensan su frustración con la agresión y el sufrimiento de otros. De ellos dice Mauricio Fernández: “No pretenden solamente solazarse con el dolor del otro, sino destruirlo como persona. Su principal deseo no es lastimar sino establecer su superioridad. De allí que les sean válidos todos los procedimientos de torturas, físicos y morales. Tienen que sentir que poseen al otro, ya que no se poseen a sí mismos.”
Juan Carlos Placonsidera que la tortura tiene algo del gran teatro del horror, “y que los ataques son evidencia de una impotencia profunda lo revela la fachada opuesta del esbirro: su hinchazón melomaníaca. Terminada la escena, es posible que el agente vuelva a su casa, escuche a Gardel, tome mate con la patrona o sea servicial con sus vecinos. ¿Por qué no? Más, la libre descarga de sus partes enfermas en su triste fama, puede que le despeje el campo de su familia para sus partes sanas. Muchas otras veces no se produce esta disociación: el agente es demasiado enfermo y/o la institución demasiado invasora. Y la corrupción más diversa gana su vida toda.”
Marcuse dice: “La obvia contradicción entre las posibilidades liberadoras de la transformación tecnológica del mundo, la vida ligera y despreocupada, por una parte, y la intensificación de la lucha por la existencia, por otra, generan entre la población subyacente esa difusa agresividad que, a menos de ser dirigida hacia el odio y la lucha contra el supuesto enemigo nacional, se vuelve contra cualquier objetivo a mano: blanco o negro, nativo o extranjero, judío o cristiano, rico o pobre. Ésta es la agresividad de aquellos con la experiencia mutilada, con la falsa conciencia y las falsas necesidades, de las víctimas de la represión que, para vivir, dependen de la sociedad represiva y reprimen la alternativa.”
Para orientar la educación, el humanismo idealista, abstracto y especulativo que dio satisfacción al pensamiento del hombre culto, debe ser sustituido por un humanismo real que ubique al hombre en la sociedad en que vive y promueva una acción colectiva para superarla. Afirma Althusser que el concepto abstracto del hombre se debe desplazar al estudio de las relaciones sociales y de las condiciones reales de sus posibilidades efectivas. “Una vez emprendido el análisis científico de este objeto real, descubrimos que el conocimiento de los hombres concretos (reales), es decir el conocimiento del conjunto de las relaciones sociales, no es posible más que a condición de prescindir completamente de los servicios teóricos del concepto de hombre (en el sentido que existía, en su pretensión teórica misma, antes de su desplazamiento)”.
Un humanismo que contemple al “hombre situado” obliga no sólo a reconocer la importancia de la estructura económica de la sociedad con enfoque marxista, sino también a estudiar la influencia de esa estructura en los nuevos medios de comunicación (mass-media)en la estructuración y desestructuración de la personalidad.
Marx no pudo prever el grado en que la enajenación por el trabajo en la sociedad capitalista, se incrementaría por la acción de palabras e imágenes manejadas por quienes tienen poder económico y político. A la producción industrial que física y mentalmente deshumaniza al hombre, se suma en la “civilización de la imagen” la equívoca socialización a través de filmes que reproducen la existencia de otros hombres igualmente enajenados, impidiendo el reconocimiento de la situación propia y promoviendo el conformismo. La enajenación no presenta siempre las formas que tuvo en el pasado, por lo que es necesario descubrir las modalidades que reviste en cada organización social. Lo característico de toda enajenación es no tener conciencia de ella.
Puede comprobarse que la abundancia de bienes materiales origina una imperiosa necesidad de obtenerlos a cualquier precio, al mismo tiempo que desvaloriza las satisfacciones afectivas que pueden alcanzarse al margen de esos bienes. Ciertas formas de vida que responden a controles perfeccionados originan frecuentemente frustraciones que agudizan el sentimiento de infelicidad.
La automatización, que libera al hombre de trabajos rutinarios, es pródiga en desocupación o en ocio desquiciante. El tiempo libre se vuelve preocupación absorbente del hombre en los países desarrollados y lo es también, aunque en menor escala, en los países subdesarrollados y, como lo afirma Mario Sambarino, en el ocio más que en el trabajo asalariado la enajenación es mayor. Cuando el hombre cree disponer de su tiempo “no advierte que ese tiempo está perteneciendo a otro, pues recurre a esparcimientos que son el negocio de otros, que esperan su tiempo libre para hacerle pagar por no dejarle tiempo y someterlo a un estado de dependencia o de pasividad mental.”
Lo irracional, fuerza impulsora de la conducta, mediante vinculaciones afectivas o por el camino de la sublimación puede crear valores culturales y proporcionar alegría de vivir… En nuestros días los sentimientos están debilitados, el hombre es esclavo de lo inmediato y fácil de la vida, de una vida que parece escapar momentáneamente de su menguada vitalidad. Hace de la máquina un ídolo y también hace ídolo a una forma de vida que conduce a un vértigo de sensaciones cuya única finalidad es el propio vértigo que lo aleja de formas más profundas de sentimiento… De allí la angustia, invisible compañera del hombre contemporáneo que no atina a dar sentido a su vida porque ha perdido su capacidad para crear ya que la técnica lo ha rodeado de la creación de otros. Para evadirse de su angustia, para eludir sus miedos, el hombre se fuga de sí mismo por el camino de la frivolidad, la puerilidad y la banalidad. ¿No hay síntomas de que la puerilidad no conoce edades y que “la experimentan jóvenes y viejos? ¿No estamos acaso envueltos en mil manifestaciones de ella? El hombre siente la imperiosa necesidad de tener la mente ocupada en algo que no sé relacione con la realidad que lo circunda, porque sus miedos ante la inseguridad lo trastornan. Para liberarse de la angustia ha de tener confianza en sí mismo, capacidad piara el esfuerzo continuado, y, sobre todo, algo por lo cual luchar integrándose emocional y racionalmente a la comunidad. En algún grado esto es alcanzable por una educación que dé sentido a la vida y no se limite a cultivar la inteligencia o a trasmitir conocimientos y técnicas.”
“Al presente la labor de la enseñanza no sólo tiene que transformar las tendencias naturales en hábitos adiestrados de pensamiento, sino que tiene también que fortificar el espíritu contra las tendencias irracionales corrientes en el medio social, y ayudar a desterrar los hábitos erróneos ya producidos”.
El señor Mujica desprecia y subestima, tanto al académico como al hombre sencillo de instrucción escolar o media.
Es notorio que los uruguayos durante el exilio político se destacaron como profesionales y personas de trabajo en todas partes donde fue a parar la diáspora uruguaya.
La instrucción, la educación uruguaya, se destacaba en el concierto de otros exilios y en aquellos países del primer mundo a donde fueron a parar.
Tal vez eso nos permitió construir en el exterior además de trabajar para sobrevivir. La educación nos sirvió para defendernos en tierras de lenguas diferentes, de culturas muy distintas, de exigencias diferentes. Allí nos dio la educación el desarrollo cultural, para instalar nuestras guarderías, nuestras imprentas, nuestros negocios, nuestros planes.
Y fue tal vez esa cultura y ese nivel de educación, lo que nos permitió regresar al país, cumplir con nuestros objetivos, dejar también un grupo de compañeros que continuaron la obra emprendida en el exterior, y hasta hoy en medio del sacrificio continúan aportando lo suyo al proceso uruguayo. Posiblemente el nivel de desarrollo cultural, el conocimiento adquirido, la educación recibida, para saber ver lo bueno y lo malo del mundo desarrollado nos permitió a la vez respetar las culturas y tradiciones de esos países. Fuimos fuertes, no fuimos colonizados, no nos deslumbró el desarrollo material, la calidad de vida, las conquistas particulares de cada lugar. Fuimos y volvimos. Salimos con una mano atrás y otra adelante, y regresamos con los dineros suficientes pertenecientes al conjunto humano, que sirvieron para desarrollar la futura base en Uruguay.
Nos permitió nuevas imprentas, nuevas publicaciones, diario, imprenta, radio, locales propios, proyectos productivos, culturales y sociales.
Y así seguimos adelante, abriendo caminos, abriendo pampas, sin entregarnos, sin desfallecer, sin decepcionarnos, pase lo que pase y se caigan los muros que se caigan, nuestra fuerza nace del conjunto social y de las ideas, de las firmes ideas, solamente quienes no tenían convicciones arraigadas a la corta o a la larga terminaron renegando de la revolución, del socialismo y del cambio social.
Entre ellos y muy al frente están este tipo de dirigentes como el señor Mujica, que ahora pretende despertar lástima, pero de los sentimientos peores que puede manifestar el ser humano, es precisamente ese: que  los demás le sientan compasión.
Ahora resulta que a Mujica, “le hacen la guerra porque no tiene una chapa universitaria”.
Muy bien que Mujica ha utilizado su chabacanería, su mal hablar, su lenguaje lumpenizado, y ha exagerado al máximo su aprendizaje carcelero, para engañar a los trabajadores y al pueblo y obtener favores electorales.
TANTAS VECES FESTEJADO Y HASTA IMITADO POR EL PODER MEDIÁTICO.
¿DE QUÉ SE QUEJA EL SEÑOR MUJICA AHORA?