FERROCARRIL Y PRIVATIZACIONES

Desde la gobierno de Sanguinetti que cerro el ferrocarril por pérdidas y falta de un plan hasta nuestros días, el ferrocarril en Uruguay ha sido como el gaucho, algo en extinción por las reformas económicas.
Caricatura Gervasio Umpiérrez
Si algo ha caracterizado a Uruguay en las últimas décadas es la desaparición del ferrocarril, en manos de la política de privatizaciones que se ha instrumentado desde todos los gobiernos de turno, ha sido éste un drama estructural de la sociedad uruguaya y de las empresas del estado, que han sufrido como nadie el empuje privatizador. Es sabido que la propuesta para el transporte dominante ha dado una gran prioridad al transporte automotriz y también a su infraestructura que son básicamente la construcción de carreteras. Los préstamos internacionales para obras viales, de caminos y puentes importantes se ha instrumentado en las últimas décadas, hasta llegar a privatizar la construcción de las carreteras, el sistema de pago de peajes, o los lugares de mayor paso de vehículos como ha sido en nuestro país, nos referimos fundamentalmente a la zona este del país.
Desde la gobierno de Sanguinetti que cerro el ferrocarril por pérdidas y falta de un plan hasta nuestros días, el ferrocarril en Uruguay ha sido como el gaucho, algo en extinción por las reformas económicas. Ha sido uno de los grandes remanentes de la dependencia crónica del país. Ahora con la plantación sin ton ni son de eucaliptos, otra vez el gobierno se acordó del ferrocarril, pero privatizándolo.
Este ha sido parte de los festejos del bicentenario, pero todavía todo está muy lejos de un plan de desarrollo, ello no pasa de enunciados con una finalidad electoral, en tiempo que más que realizaciones lo que hay es mucho jolgorio para la plebe.
Se podrá decir que este es un mal de todos los países con subdesarrollo o dependientes, pero lo cierto es que en nuestros países aquí Inglaterra los introdujo por una necesidad estrictamente económica, pues todos convergen en el puerto de Montevideo cuando la industria frigorífica, los cueros y las lanas empezaron a crecer, junto con el alumbramiento del campo, en la segunda mitad de los 1800.
Pero en los fines de los 1900 el problema sería otro, uno de los temas quizá mayores es la producción de eucaliptos y su llegada a puerto. Ya se sabe que el destrozo de las carreteras no las pagan los dueños de las grandes extensiones de campo que han comprado las compañías internacionales la mayoría vinculadas a la producción de celulosa, o al sector financiero. En general la pagan los uruguayos con impuestos o peajes que hoy están privatizados tal como lo exigen los inversores que llegan al país.
Conviene recordar en este proceso frenético y poco razonable o “inteligente” como les gusta
llamarle a los yupis de última generación, que las privatizaciones no han arreglado nada en este tema en ninguna parte del mundo. Inglaterra había privatizado su ferrocarriles y hace no mucho tiempo volvió a control estatal, una de las razones fueron los accidentes que tenían los nuevos dueños privados.
La tragedia argentina que resulta como una muerte largamente anunciada, es la obra inicial
de Menem, y muestra a que nivel han llegado las cosas. Lo que puede ser un factor de desarrollo se ha transformado en una tragedia, que siempre la pagan los trabajadores y el pueblo.

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