“No te olvides del pago
si te vas pa’ la ciudad
cuanti más lejos te vayas
más te tenés que acordar.”
Pa’l que se va (Alfredo Zitarrosa)
Decidí tomar este estribillo del gran Alfredo Zitarrosa ya que refleja fielmente el tema que pretendo abordar en este artículo.
El “que se va” puede ser cualquier persona, cualquier peregrino que por diversos motivos abandona sus pagos, sus raíces, su pueblo o ciudad natal.
Un hombre, una mujer, un trabajador, una trabajadora, un soñador, una soñadora, un estudiante, una estudiante. Concretamente aquí es dónde me quiero detener ya que es la situación en la que me encuentro en este momento.
Separado por más de 300 kilómetros de mi ciudad natal, estoy viviendo en un monstruo de acero y concreto, un enjambre de seres humanos que van y vienen, una masa de autos, amiones, ómnibus que inundan el paisaje. Muy diferente a mi Chuy natal, muy diferente a la mayoría de los pueblos o ciudades del Interior. Así ,humildemente creo, que cuando hablo por mí, hablo por miles de jóvenes que nos trasladamos a la capital a concretar un sueño, estudiar lo que en un futuro será la profesión de nuestras vidas. Un momento crucial en nuestro camino, en nuestra vida.
La centralización nos arrastra hasta la capital, si bien existen esfuerzos o intentos por parte de las instituciones de enseñanza superior para descentralizar la educación terciaria en nuestro país, estos intentos aún son insuficientes y hay que venir a la capital, como decía el gran Pablo Estramín: “Cuando quieras estudiar, morís en la capital”.
La vida en la capital no es fácil para los que venimos del Interior. La desproporción de la capital con respecto a las demás urbes del Interior es abismal, Ya tenemos, de entrada, un gran choque visual; salvo algunas excepciones, el grueso de los estudiantes del Interior no estamos acostumbrados a observar grandes edificios, enormes estructuras, calles congestionadas por el tránsito. Todo esto es muy nuevo, y en algunos casos llega a abrumar, a saturar, dificultando la adaptación. Por otro lado tenemos el normal sentimiento de nostalgia por el entorno natal, por la familia, por el grupo de amigos que quedó. Todo esto pesa y mucho. Tenemos por último las dificultades económicas, Montevideo es una ciudad con un nivel de vida caro, acercándose a los de muchas ciudades de Europa, pero evidentemente, sus habitantes perciben un ingreso mucho menor que sus pares del norte. El esfuerzo que hacen nuestras familias es gigantesco y lo debemos valorar al máximo.
El primer problema es, sin duda, el alojamiento. Encarar un apartamento solo es, para la mayoría de nosotros, algo inalcanzable. El alquiler y los gastos que trae aparejado el mantener un apartamento son insostenibles para una familia de clase baja o media baja, incluso para la misma clase media. Así que la opción más cercana a lo posible, es una residencia o un apartamento. En mi caso, estoy alojado en una residencia estudiantil, relativamente barata. Por unos 3 mil pesos puedo tener un lugar donde dormir, donde cocinarme y donde estudiar, puntos vitales para cualquier estudiante.
El segundo problema es el costo de los materiales de estudio (fotocopias, libros, cuadernolas, útiles en general, etc). La Universidad es gratis solamente para entrar, todo lo demás trae un gran costo. Y quizás el último gran problema es el transporte, en mi caso estoy a 4 cuadras de la Facultad a la que asisto y por lo tanto no tengo que utilizar el transporte urbano, pero gran cantidad de estudiantes deben recurrir al mismo ya que sus facultades están demasiado lejos como para ir a pié. Todo esto nos genera una situación bastante desfavorable que nos empuja a depender de becas y descuentos de todo tipo y color. Y aquí entramos en otro gran problema, la burocracia y el papeleo sin fin. Los trámites son eternos, una inmensa cantidad de papeles y requisitos son exigidos para disfrutar de la mayoría de las becas.
Los plazos acotados nos obligan a andar como locos de oficina en oficina. En conclusión y para terminar este artículo, el venirse a vivir a la capital no es asunto sencillo por los motivos que traté, brevemente, de expresar aquí. Estas son las consecuencias de un país
megacéfalo, centralista y burocrático en extremo como lo es Uruguay.
Espero que éstas líneas sean de su agrado y generen, aunque sea superficialmente, una idea la situación en que vivimos los estudiantes del Interior que nos trasladamos a estudiar a Montevideo, a pesar de todas las adversidades.
Nada es imposible y se pueden concretar los sueños, por eso no hay de dejar de lucharla y mucho menos de soñar.
MATÍAS CALERO

