Militantes y estudiantes: nuestra labor revolucionaria

Una chispa basta para encender un fuego intenso y abrasador. Nosotros, en cada proclama, en cada encuentro, en cada uno de nuestros movimientos, buscamos ser la chispa que encienda el espíritu revolucionario y combativo de la juventud. Ya sea en nuestras asociaciones de estudiantes, en nuestros centros de trabajo, en nuestros barrios, en nuestras localidades, nuestro trabajo —desde el más elemental hasta el más llamativo— es un engranaje más en la gran tarea de cualquier movimiento revolucionario en los tiempos que corren: la reconstrucción de la izquierda. Y esa juventud solo será revolucionaria y combativa cuando hable en clave política, crítica y reivindicativa. Porque sabemos que cuando se es incapaz de ver el mundo en esos términos, cuando no se comprende del todo el por qué de las cosas, cuando la discusión permanece en la mera superficialidad, es cuando la juventud pierde su enérgica impronta, cuando no sabe ni donde está parada, cuando cual títere se deja manipular por el primer oportunista, cuando escriben por ella la historia.
Empezamos desde abajo. En cada asociación de estudiantes donde haya un militante de nuestra Juventud, es su deber fundamental formar un colectivo de trabajo bien organizado, con una fuerte conciencia política, en donde se luche frontalmente contra la falta de interés y la indiferencia. Los jóvenes pasamos la mayor parte de nuestra semana en nuestros centros de estudios y es en donde nosotros podemos ver cómo se ponen de manifiesto las contradicciones de la sociedad burguesa. Elevando la discusión en cada gremio, en cada asociación, en cada centro, se eleva al movimiento estudiantil en su conjunto. La histórica lucha del «6 + 1» no es la lucha por un mero número. Es poner de manifiesto que somos el pueblo y que tenemos una serie de exigencias, que no nos conformamos con menos; que nuestros intereses son antagónicos a los intereses del imperialismo —ese es el motivo por el que nuestra lucha siempre va a estar del lado de los pueblos que luchan por su liberación y por eso mismo siempre vamos a sacar a relucir la bandera del heroico pueblo palestino—; que en este país es negocio la expoliación de nuestros recursos y capacidades productivas y que es ahí, en las millonadas que se llevan para el exterior las multinacionales, en donde está la plata para la educación. Si esperamos, como movimiento revolucionario, ejercer la dirección en la transformación de la sociedad, debemos primero despertar en el Uruguay una juventud participativa, interesada, inquieta y, sobre todo, crítica.
No podemos disociar la lucha del movimiento estudiantil de la lucha obrera, pues ambas son facetas que adquiere la lucha del proletariado. Ambas se entrelazan, se complementan, se hacen una. Fidel, en su histórico alegato pronunciado en el juicio en su contra tras el asalto al cuartel Moncada —en la que de acusado se convirtió en el acusador— se preguntó: «¿En un campo donde el guajiro no es dueño de la tierra, para qué se quieren escuelas agrícolas? ¿En una ciudad donde no hay industrias, para qué se quieren escuelas técnicas o industriales? (…) ¿Es así como puede hacerse una patria grande?». La educación le pertenece al pueblo porque allí se educan los hijos del pueblo, y es por eso que el sistema de enseñanza debe responder exclusivamente a los intereses de la clase obrera. La oligarquía siempre ha vigilado atentamente lo que sucede en la educación, porque tiene miedo de todo lo que pueda surgir de allí. Es por eso que en nuestro país el movimiento estudiantil tiene sus mártires, jóvenes a los que la salvaje represión quitó la vida; jóvenes que lucharon por el boleto estudiantil, por la defensa de la autonomía universitaria, por una educación al servicio del pueblo, por la transformación de la sociedad. Es por eso que al día de hoy se criminaliza la protesta, se persiguen a sindicalistas, se abusa de la laicidad, se declara la esencialidad y se cuestiona la autonomía de la Universidad.
Porque militamos y estudiamos tenemos una labor revolucionaria. Y parte de esta labor consiste en crear para nosotros espacios de formación, de discusión, de ejercicio de la autocrítica, de reflexión. Actuar y evaluar lo actuado. Evaluar en qué situación estamos, cómo hemos trabajado —cuáles fueron nuestros aciertos y nuestros errores— y cuáles serán nuestros próximos pasos. Debemos trabajar incansablemente para que cada compañero haga suyo el plan colectivo, que lo asimile y lo comprenda, para que ponga todo su esfuerzo consciente en él y cuando tenga que poner de sí lo haga en pos de su propio plan. Y para esto se debe escuchar a los compañeros, hacerlos opinar, poner el plan en discusión del colectivo. Seamos la vanguardia combativa de la juventud. Seamos sensibles a las necesidades de cada compañero, prestemos atención a sus opiniones, asumamos responsabilidades, ya que los logros del movimiento son resultado del desempeño de sus militantes y de la forma en la que se aprovechan los conocimientos y virtudes de cada uno de los compañeros.

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