ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS Y EN AMÉRICA LATINA

La crisis económica y el aumento de la desigualdad; la continuación de la guerra a escala internacional;  el relacionamiento con América Latina con la insistente campaña de desestabilización y manipulación mediática continúan determinando la política norteamericana.

En estos meses a nadie escapa que las elecciones en la principal potencia mundial son un hecho por demás determinante de lo que suceda en el planeta por lo menos en los próximos años, donde el capitalismo se encuentra en la crisis mayor de su historia, enfrentando viejos problemas que nadie le ve solución en un marco inmediato.
Lo cierto es que nuevamente una de las campañas donde se mueven campañas y finanzas difíciles de imaginar por los recursos financieros en juego, van a la búsqueda del elector norteamericano.
Es además evidente que en estos meses, la crisis económica no solo se mantiene sino que además se extiende y adquiere mayor gravedad. Pues los esfuerzos, para contenerla reduciendo los costos sociales no se ha producido, a tiempo que la reacción política se reproduce.
Estados Unidos en estos tiempos no solo que ha mantenido la guerra como un factor esencial de su política sino que además sin llegar a la peligrosidad de los tiempos de Bush, con el actual gobierno de Obama, el intento de cambio global de su política no siempre se ha expresado con las expectativas que existían en el mundo, y en muchos lugares se ha consolidado una política contradictoria, motivada por poderosas contradicciones en la sociedad norteamericana.
Es notorio también que ello ha tenido su influencia, en las condiciones de vida generales de los trabajadores y capas medias en ese país como en sus aliados inmediatos en Inglaterra e Israel.
Se puede decir que Estados Unidos durante estos años ha conocido el mayor índice de conflictos, en su sociedad resultado del crecimiento de la desocupación a partir de la sucesiva quiebra de grandes financieras que se inició con la crisis inmobiliaria.
En relación a América Latina, la política no ha cambiado sustancialmente ni ha tenido variables que puedan apreciarse en relación a los tradicionales cambios en la política norteamericana hacia la región. Sin duda que entre la tenaza que producen la necesidad constante de los hidrocarburos para darle alimento a la industria y la sociedad de consumo dirigida por las grandes compañías y bancos internacionales, la resolución de los grandes problemas que tiene la humanidad han quedado de lado.
La economía y la política la han orientado para resolver las necesidades de los grandes ricos, cada vez más distantes de los problemas de los pueblos y hasta del propio pueblo norteamericano.
En relación a nuestros países, el bloqueo a Cuba se mantiene por parte de este país, al igual que el presidio a los cinco patriotas cubanos que ha sido todo un signo de la política del imperio hacia la región. No se han detenido las campañas de desestabilización sobre los países de la región como el golpe en Honduras y en Paraguay donde la ingerencia norteamericana ha sido notoria.
Las nuevas bases norteamericanas en curso en la región Panamá, la activación de una política de mayor presencia del Comando Sur en el hemisferio y varios intentos de desestabilización política en los países del ALBA, son solo una muestra de los hechos que suceden en América Latina.
Es evidente que el acoso mediático contra los países como la República Bolivariana de Venezuela ha sido quizá uno de los hechos más notorios en los últimos días que luego se expresó en una derrota aplastante del candidato de Washington
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