AJUSTE FISCAL, INFLACIÓN, Y SALARIOS BAJOS
Es necesario tener en cuenta que la negativa constante del gobierno hacia las cuestiones sociales está creando una situación insostenible para las familias pobres, que son empujadas al desempleo y la miseria.
En nuestro país en estos días se ha conocido la alarmante situación de la enseñanza pública, aunque también existen otros indicadores que evidencian que en la economía nacional no todo es color de rosa, y que en este año una de las preocupaciones mayores del gobierno han estado centradas en el crecimiento de la inflación, y también en los crecientes esfuerzos gubernamentales para estabilizar con escasas tensiones, la situación económica donde se producen nuevos desajustes financieros que afectan a nuestra economía. Claro que ello ha sido hasta ahora una misión imposible para el gobierno del Frente Amplio, que ve crecer en forma importante el descontento oficial por más que los dirigentes del gobierno afirman todos los días que todo va bien.
La política económica ha apostado fuertemente al crecimiento de las exportaciones cosa que puede decirse que se logró no precisamente por méritos
propios, sino por las demandas de productos tradicionales y algunos nuevos, en los mercados internacionales. Aunque este techo en el último año ha comenzado su declive por la crisis capitalista internacional, provocando un importante receso
de las exportaciones, y menor crecimiento de los productos industriales.
Al instalarse la falta de crecimiento en Europa, y bajar las importaciones globales de los gigantes asiáticos, trae en forma casi automática, el nerviosismo en el comercio exportador uruguayo, que hasta el momento contaba con un reedito por demás favorable que le daba un enorme crédito a la gestión de los últimos gobiernos.
Las alarmas ya no están solo en Estados Unidos o Europa, sino que también en materia comercial se han instalado en la región y principalmente en nuestros dos
vecinos, Brasil y Argentina, que a diario toman medidas anticrisis, para defender sus políticas.
La situación se torna aun más grave, pues el gobierno uruguayo ha optado por políticas de cuño financiero, tal como la sostenían los partidos tradicionales y donde el gobierno del FA ha continuado sin sobresaltos, empujando aun más las privatizaciones y la libre inversión de capitales, sin ningún tipo de controles. Lo más claro de esta situación que se vive ha sido lo que sucedió con Pluna, o con la tierra que se ha entregado a grandes capitales, para vender soja transgénica, propiciando grandes negociados financieros que no aseguran ni mucho menos, el desarrollo nacional y la redistribución del ingreso, sino que cada vez lo concentran más, en pocas manos.
En este esquema económico y productivo, la educación y la salud, quedan para atrás, pues no son una prioridad para el gobierno de Mujica, ni el anterior del Dr. Vázquez, que privilegiaron largamente la medicina empresarial y privada.
Los impuestos a la población invariables y en crecimiento, como el IVA, el IRPF que recaen básicamente sobre los salarios y el consumo, los salarios y jubilaciones bajas dan un campo propicio para la libre inversión extranjera y el vaciamiento de la población en el campo.
Es necesario tener en cuenta que la negativa constante del gobierno hacia las cuestiones sociales está creando una situación insostenible para las familias pobres, que son empujadas al desempleo y la miseria.
En estos días, el 3 % inamovible para el salario en la educación pública, no se condice con los aumentos que se han producido en este año, y menos con el deterioro progresivo del salario de los trabajadores uruguayos.
La política económica ha apostado fuertemente al crecimiento de las exportaciones cosa que puede decirse que se logró no precisamente por méritos
propios, sino por las demandas de productos tradicionales y algunos nuevos, en los mercados internacionales. Aunque este techo en el último año ha comenzado su declive por la crisis capitalista internacional, provocando un importante receso
de las exportaciones, y menor crecimiento de los productos industriales.
Al instalarse la falta de crecimiento en Europa, y bajar las importaciones globales de los gigantes asiáticos, trae en forma casi automática, el nerviosismo en el comercio exportador uruguayo, que hasta el momento contaba con un reedito por demás favorable que le daba un enorme crédito a la gestión de los últimos gobiernos.
Las alarmas ya no están solo en Estados Unidos o Europa, sino que también en materia comercial se han instalado en la región y principalmente en nuestros dos
vecinos, Brasil y Argentina, que a diario toman medidas anticrisis, para defender sus políticas.
La situación se torna aun más grave, pues el gobierno uruguayo ha optado por políticas de cuño financiero, tal como la sostenían los partidos tradicionales y donde el gobierno del FA ha continuado sin sobresaltos, empujando aun más las privatizaciones y la libre inversión de capitales, sin ningún tipo de controles. Lo más claro de esta situación que se vive ha sido lo que sucedió con Pluna, o con la tierra que se ha entregado a grandes capitales, para vender soja transgénica, propiciando grandes negociados financieros que no aseguran ni mucho menos, el desarrollo nacional y la redistribución del ingreso, sino que cada vez lo concentran más, en pocas manos.
En este esquema económico y productivo, la educación y la salud, quedan para atrás, pues no son una prioridad para el gobierno de Mujica, ni el anterior del Dr. Vázquez, que privilegiaron largamente la medicina empresarial y privada.
Los impuestos a la población invariables y en crecimiento, como el IVA, el IRPF que recaen básicamente sobre los salarios y el consumo, los salarios y jubilaciones bajas dan un campo propicio para la libre inversión extranjera y el vaciamiento de la población en el campo.
Es necesario tener en cuenta que la negativa constante del gobierno hacia las cuestiones sociales está creando una situación insostenible para las familias pobres, que son empujadas al desempleo y la miseria.
En estos días, el 3 % inamovible para el salario en la educación pública, no se condice con los aumentos que se han producido en este año, y menos con el deterioro progresivo del salario de los trabajadores uruguayos.

