¿Cuándo termina el ENES?

El pasado 19 de julio en Jaureguiberry, departamento de Canelones, se realizó el Encuentro Nacional de Estudiantes de Secundaria (ENES). Ya desde las 7 de la mañana había gente circundando el local de la FEUU, de donde saldrían varios de los ómnibus hacia el camping de Fenapes, donde se realizaría el encuentro. Hubo nervios, trabajo logístico, listas que se llenaron y protocolos que mantuvieron todo en regla. Pero se llegó: a las 10 de la mañana hubo una ronda de entre 80 y 90 estudiantes para empezar la jornada, aquella larga jornada que recién terminaría cuando, alrededor de las  2:30 de la mañana, estarían regresando a sus casas.
Se trabajó, se discutió políticamente. Esa primera premisa ya es un logro de esta instancia. Desligar de problemas orgánicos y cuestiones de forma la confrontación de ideas puso cara a cara a estudiantes que por primera vez se ponían a pensar por un lado qué educación quieren para su país y, por otro, de qué forma eso va a ser posible. El veredicto se sintetiza con fuerza: educación para formar gente que quiera transformar la realidad y la única forma de construirla es, al mismo tiempo, con presupuesto y combatiendo la injerencia imperialista.


El título, entonces, ¿a dónde apunta? Lo cierto es que antes de responder la pregunta que nos planteamos es preciso cuestionarse cuándo comienza el ENES. Esta respuesta ejemplifica parte de las enseñanzas que como militantes revolucionarios debemos sacar de todas las instancias en las que participamos. Empezó en la cabeza de esa juventud, esta juventud, que trazó como objetivo dentro de su plan de trabajo la necesidad de un ENES para elevar los niveles de organización y ponerlo tras un programa combativo. En ese sentido se trabajó desde 2023, con aciertos, con algunas derrotas pero controlando el plan de trabajo y acercándonos cada vez más a los objetivos. Hubo pasos intermedios que fueron mostrándonos que el camino se iba cumpliendo: que la coordinadora de gremios funcionase, que incluyera gremios de la Costa, que las comisiones funcionaran y tantos otros. Cultivar a través de objetivos políticos claros una unidad que no ceda en sus principios guió la etapa. Planificar, planificar y planificar el trabajo que hacemos e ir controlando como la planificación se desarrolla. Entonces ahora si sabemos dónde comienza y podemos a través de nuestro análisis responder al título ahora sí.
El ENES termina entonces no después de la jornada del 19 de julio sino cuando nos encontremos en las calles con esas mismas consignas que aprobamos con tantos votos afirmativos, cuando en los plenarios de todos los gremios del país se discutan los puntos de partida que marcan las resoluciones de este ENES. Lo que disparó nuestra postura es que solo discutiendo no llegamos a ningún lado, que esto es teoría y práctica. Por esas mismas convicciones es que reafirmamos que el trabajo continua. El ENES termina cuando comienzan otros procesos que continúen con su misma lógica, que sea parte de un proceso acumulativo que nos lleve a dar el salto y cambiar esta realidad que entra en contradicción con la vida plena, en general, y la de los estudiantes, en particular. 


Los procesos sociales no son azarosos y nuestra incapacidad para organizarnos no es que sortee nuestro futuro, sino que lo pone en manos de quienes sí tienen planes para con nosotros y, más concretamente, para nuestra opresión. Entonces miramos a futuro y no tengamos miedo de proponer. Hagamos nuestro el patrimonio de la iniciativa y la confianza en que se puede hacer. No caigamos en la dictadura de los que las saben todas y nos gobiernan con su «lo posible». La realidad demuestra una y otra vez que hay un camino que es insustituible: organizarse para la liberación. Cada vez que nos acercamos a él no solo nos hacemos lugar en la necesidad histórica, sino que nos encontramos cada vez con más gente. No es cierto que no existan ganas ni voluntades, sino que lo que falta es reconstruir los niveles organizativos y en esa tarea se inscribe nuestra juventud política, hoy feliz con la sana acción de reconocer el trabajo hecho.


La pregunta, es cierto, pone nuestros ojos en el futuro. La idea de la planificación queda asentada sólo en un mundo donde podemos divisar el futuro de forma crítica. Los laureles de las actividades exitosas no deben desviar nuestros ojos de la lucha presupuestal que está a la vuelta de la esquina. No debemos aflojar cuando aseguramos que a la transformación educativa se la baja con lucha, y no hay concesiones. Que de ahí se levante unos programas y estructura educativa que no responda más que a los intereses de la comunidad educativa, una educación popular al servicio de su pueblo en su lucha contra el imperialismo. No hay humo que pueda esconder ese horizonte. Y si, podrá terminar el ENES y ya vendrán futuros planes de trabajo, pero lo cierto es que hoy esta juventud puede jactarse de que todos ellos se enmarcan en sus planteamientos políticos. Podrá jactarse de que milita, en definitiva, por la liberación nacional y el socialismo. Hay ENES, no hay ENES, vamos, vinimos, ganamos y somos vencidos por nuestras debilidades orgánicas. Y, sin embargo, estamos como siempre diciendo presente y siendo propulsores de los momentos claves de avanzada de nuestro pueblo.      

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